La planificación de tu retiro, sabe a un domingo familiar en la sobremesa.

A estar sentados alrededor de la mesa, viendo a tus hijos, escuchándolos hablar, reír, discutir… y tener la tranquilidad de saber que, pase lo que pase, ellos estarán protegidos por las decisiones que tomaste hoy.
Porque planear tu pensión probablemente sea uno de los mayores aciertos financieros de tu vida.
Es poder mirar a tus hijos a los ojos y, sin necesidad de decirles nada, tener la certeza de que ya hiciste tu parte.
Que si enfrentas una invalidez, un accidente o una enfermedad que te impida seguir trabajando, tendrás los medios para sostenerte y enfrentar esa etapa.
Porque no es lo mismo cuidar a un papá enfermo que, además, tener que mantenerlo.
Que si algún día llegaras a trascender, ellos estarán protegidos incluso después de tu muerte.
Pero para poder lograrlo es necesario saber cuánto podría otorgar el IMSS por una pensión de viudez y/o de orfandad, analizar si ese ingreso sería suficiente y, si no lo es, tomar otras medidas para protegerlos, como un seguro de vida privado.
Y si llegas más allá de los 60 años, que puedas disfrutar de un retiro que te permita seguir viéndolos reír en esas sobremesas, viajar, disfrutar y, sobre todo, tener los medios para seguir siendo autosuficiente.
Y aquí es donde la mayoría se equivoca:
La pensión no empieza a planificarse a los 55 años para pagar Modalidad 40.
En realidad, esta parte de la estrategia comienza mucho antes. Desde los 46 años ya deberíamos estar tomando decisiones sobre cómo queremos llegar al retiro.
Planear tu pensión también significa evitar que, en algún momento de tu vida, tus hijos tengan que hacerse responsables económicamente de ti.
Significa que tú ya te ocupaste.
Y quizá ese sea uno de los mayores regalos que puedes darles: la tranquilidad sobre su propio futuro.
Porque una ESTRATEGIA DE RETIRO no debería depender únicamente de una pensión del IMSS ni de la Modalidad 40.
La verdadera planificación consiste en construir distintas fuentes de ingreso y mecanismos de protección que puedan acompañarte durante la vejez y, al mismo tiempo, proteger a quienes dependen de ti.
Se trata de poder llegar a esa sobremesa de domingo, mirar a tu familia y tener una certeza:
“Yo ya me ocupé de esto.”
Y quizá esa sea una de las mayores formas de amor que podemos dejarle a nuestra familia:
NO convertir nuestra vejez en su responsabilidad.







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